Cielo, viento, agua dulce y arcilla
Los cuatro que la teología sumeria suele situar en lo más alto: An (aquí Anu), el cielo; Enlil, cuya palabra decide; Enki, el agua dulce bajo la tierra; Ninhursag, las colinas pedregosas. En el mito Enki y Ninmah, ella lleva otro de sus nombres, y ella y Enki discuten sobre cómo se saca a las personas de la arcilla a pellizcos.
El Gran Abajo y su camino
El descenso de Inanna se conserva en una versión sumeria y en otra acadia sustancialmente distinta; Nergal llega a la casa de Ereshkigal por un relato aparte, que a su vez nos ha llegado en dos recensiones desiguales. Lilith está aquí solo como la lilītu de las tablillas: una clase de demonio nocturno temido en la casa, nunca reina de ningún sitio.
Luna, juicio y un mundo reordenado
Dos estratos uno junto a otro. La luna y el sol-juez son antiguos y sumerios, nombrados aquí en dos sistemas: Nanna es el nombre sumerio (en acadio, Sîn); Shamash, el acadio (en sumerio, Utu). El punzón de Nabu y el modo en que Marduk parte a Tiamat pertenecen a la reivindicación mucho más tardía de Babilonia sobre el cosmos —y Tiamat vive en ese poema, no en ningún culto conocido.












