Rusa · 9 min de lectura
Vasilisa en la casa de Baba Yagá
Incluye la muerte de una madre, crueldad familiar, amenazas de ser devorada, calaveras y la muerte mágica de la madrastra y las hermanastras. Las muertes se describen brevemente, sin detalles gráficos.
El regalo de su madre
Vasilisa tenía ocho años cuando su madre enfermó de gravedad. Antes de morir, le dio una pequeña muñeca y su bendición. Debía llevarla siempre consigo y no hablar de ella con nadie. Cuando tuviera alguna pena, podía ofrecerle un poco de comida y pedirle ayuda. La niña guardó el regalo con cuidado.
Tiempo después, su padre se casó con una viuda que tenía dos hijas. Las tres trataban a Vasilisa con crueldad, le encargaban los trabajos más duros y apenas la dejaban descansar. Ella reservaba para la muñeca pequeños bocados de su comida. Cuando todos dormían, la sacaba, le contaba sus penas y escuchaba sus palabras de consuelo. Por la mañana, el trabajo estaba hecho.
Pasaron los años y Vasilisa se convirtió en una joven. Mientras su padre viajaba por negocios, su madrastra trasladó a la familia a una casa junto a un bosque. Baba Yagá vivía en algún lugar entre aquellos árboles. La madrastra enviaba a Vasilisa al bosque con la esperanza de que la atrapara, pero la muñeca siempre la ayudaba a volver a casa.
En busca de fuego
Una noche, la madrastra dejó a las tres jóvenes cosiendo a la luz de una sola vela. Una de sus hijas la apagó a propósito. Ahora, dijeron, alguien tendría que ir a pedir fuego a Baba Yagá. Empujaron a Vasilisa fuera de la casa. Ella dio de comer a la muñeca, le contó lo ocurrido y emprendió el camino con su promesa de ayuda.
Caminó toda la noche. Pasó un jinete vestido de blanco sobre un caballo blanco, y empezó a clarear. Después llegó un jinete rojo sobre un caballo rojo, y salió el sol. Vasilisa siguió andando. Al acercarse a un claro aquella tarde, un jinete negro pasó al galope y cayó la noche.
Una cerca de huesos rodeaba una cabaña. Sobre ella había calaveras cuyos ojos iluminaban el claro. Pronto llegó Baba Yagá en un mortero, impulsándolo con la mano del mortero y borrando sus huellas con una escoba. Vio a Vasilisa enseguida. La joven explicó que su madrastra la había enviado a pedir fuego.
Dos días de trabajo
Baba Yagá aceptó darle fuego, pero primero tendría que ganárselo trabajando. Al día siguiente debía limpiar la casa y el patio, preparar la comida y escoger el trigo, quitando todas las semillas que no fueran de trigo. Si fallaba, Baba Yagá se la comería. A solas aquella noche, Vasilisa alimentó a la muñeca y lloró al pensar en lo que le esperaba.
La muñeca le dijo que durmiera. Por la mañana, casi todo estaba terminado; Vasilisa solo tenía que preparar la comida. Al regresar, Baba Yagá no encontró ningún defecto. Llamó a sus sirvientes, y aparecieron tres pares de manos que se llevaron el trigo. Vasilisa observó sin decir palabra.
Para el segundo día, Baba Yagá añadió otra tarea: separar unas semillas de amapola de la tierra que tenían mezclada. La muñeca volvió a ayudarla y todo estuvo listo a tiempo. Las manos misteriosas se llevaron las semillas para extraer aceite. Aquella noche, terminado el trabajo, Baba Yagá permitió que Vasilisa le hiciera preguntas.
La calavera que alumbraba
Vasilisa preguntó por los tres jinetes. El blanco era el día luminoso de Baba Yagá; el rojo, su sol; el negro, su noche oscura. Quiso preguntar también por las manos, pero recordó la advertencia de la bruja sobre saber demasiado. Guardó silencio. Entonces Baba Yagá le preguntó cómo había logrado hacer todo el trabajo.
Vasilisa respondió que la bendición de su madre la había ayudado. Baba Yagá no quería a nadie bendecido bajo su techo y la echó de inmediato. Sin embargo, cumplió su promesa. Tomó una calavera luminosa de la cerca, la puso en un palo y se la entregó. Sus ojos alumbraban el sendero entre los árboles.
Cerca de casa, Vasilisa pensó en tirar la calavera, pero esta habló y le dijo que siguiera llevándola. Su madrastra y sus hermanastras recibieron el fuego con alegría: todas las llamas que habían intentado encender se apagaban. Dentro de la casa, la mirada de la calavera las seguía dondequiera que se escondieran. Por la mañana, las tres habían muerto. Solo Vasilisa quedó ilesa.
El lino y la pequeña muñeca
Vasilisa enterró la calavera, cerró la casa y se fue a la ciudad. Una anciana bondadosa le ofreció alojamiento. Para mantenerse ocupada, Vasilisa pidió lino y lo hiló hasta obtener un hilo finísimo. Con un telar que la muñeca la ayudó a conseguir, tejió una tela tan delicada que la anciana decidió llevársela al zar.
El zar admiró la tela, pero nadie se atrevía a coserla. Vasilisa sí podía hacerlo. Confeccionó doce camisas y, cuando las recibió, el zar quiso conocer a la mujer que las había hecho. Se enamoró de ella y se casaron. Su padre regresó de sus viajes y fue a vivir con ellos.
La anciana también se mudó al palacio. Vasilisa había dejado atrás la casa junto al bosque, pero no había olvidado la ayuda recibida. Conservó a su lado la pequeña muñeca de su madre durante el resto de su vida, tal como había prometido de niña.
Sobre esta versión
Vasilisa la Hermosa, cuento ruso recogido por Aleksandr Afanásiev
Esta versión sigue la traducción de Nathan Haskell Dole del cuento de Afanásiev. Conserva los dos días de tareas, los jinetes y el desenlace con el fuego de la calavera. La parte del tejido y el matrimonio se ha abreviado; Vasilisa ya es adulta cuando sucede. Las descripciones del entorno y las transiciones son propias de esta adaptación.
Nota de versión
Revisión de estilo del 30 de septiembre de 2026. Texto y traducciones realizados en Codex, con comprobación de la fuente indicada. No se afirma que haya una revisión independiente por especialistas o hablantes nativos.
Fuentes
Estas fuentes sirvieron de base para el relato. El texto se escribió para Mythic Dream.
- Vasilisa the Beauty — Traditional; translated by Nathan Haskell Dole, The Russian Fairy Book (Wikisource scan-backed edition)
La versión inglesa aporta la muñeca, los tres jinetes, las tareas, la bendición materna, el fuego de la calavera y el trabajo posterior de Vasilisa como tejedora.
- Василиса Прекрасная, tale 104 — Collected by Alexander Afanasyev, Народные русские сказки (Russian Wikisource)
El cuento ruso de la colección de Afanásiev, utilizado para comprobar la secuencia sin mezclarla con otras historias de Baba Yaga.
