Griega · 5 min de lectura
Selene y Endimión
Sueño eterno y amor de una diosa por un mortal dormido; sin violencia gráfica.
Una luz en la montaña
La tarde caía sobre el monte Latmo. Los senderos entre las rocas se volvían difíciles de ver, aunque la piedra conservaba el calor del día. Entonces la luz de la luna alcanzó las laderas altas. Apareció un saliente, después un árbol y luego la entrada de una cueva. Sobre la tierra silenciosa viajaba Selene, la diosa de la Luna.
Su luz pasaba sobre tejados y campos, caminos y aguas lejanas. Allí, en la ladera, tenía una razón para demorarse. Dentro de la cueva yacía un hermoso joven llamado Endimión. Dormía, igual que había dormido durante el día. Selene lo amaba, y su viaje la llevaba de nuevo al lugar donde descansaba.
El deseo concedido por Zeus
Endimión había recibido una elección extraordinaria. Zeus le había permitido decidir su propio destino, y él había pedido permanecer vivo y joven, pero pasar esa vida dormido. El dios concedió su petición. Para Endimión no habría una mañana de despertar ni un lento paso de la juventud a la vejez.
Fuera, el mundo continuaba sus cambios habituales. La lluvia oscurecía la piedra. La hierba crecía junto a los senderos y se secaba bajo el sol del verano. Los viajeros subían a la montaña y volvían a bajar hacia sus hogares. Una estación seguía a otra. Dentro de la cueva, el durmiente permanecía joven, ajeno a los años que pasaban a su alrededor.
La luna junto a la cueva
Selene aún tenía el cielo por cruzar. Sin embargo, el amor la atraía hacia la cueva del Latmo, hacia la figura inmóvil que descansaba dentro. En la ladera volvían a verse lugares ocultos en la oscuridad: un sendero estrecho, un recodo de la roca, la entrada resguardada. La luz llegó al umbral y se extendió sobre la piedra.
Endimión no se levantó para recibirla. No se acercó a la entrada ni pronunció su nombre. El sueño que había elegido continuaba. Durante un rato, la viajera y el durmiente estuvieron cerca: ella llegaba desde el cielo; él seguía donde lo había dejado el día que terminaba.
Más allá de la ladera
Selene no podía quedarse allí para siempre. Su camino continuaba sobre la tierra, llevando su luz más allá de la montaña. En los días siguientes, la luna se llenaría y volvería a ser una fina creciente. Bajo ella, las lámparas se encenderían en las casas y se apagarían a la hora de acostarse. La gente dormiría, despertaría y volvería a su trabajo.
El sueño de Endimión seguía. Fuera de su cueva, el sendero estaba vacío de nuevo. La luz lunar se movía sobre las piedras a medida que avanzaba la noche, hasta que la primera claridad del día la hizo difícil de distinguir. La montaña surgió de la oscuridad, con sus árboles y senderos sinuosos. Al abrigo de la cueva, el joven descansaba.
Sobre esta versión
Relatos antiguos de Pseudo-Apolodoro, Pausanias y Apolonio de Rodas
Los autores antiguos ofrecen versiones distintas. Este relato une la elección del sueño sin vejez de Pseudo-Apolodoro con las visitas de Selene a Latmos en Apolonio. Pausanias recoge otro lugar de reposo en Élide. El paisaje se añade para esta narración; no se inventa el motivo de Endimión ni un amor mutuo.
Nota de versión
Revisado el 30 de septiembre de 2026 para facilitar la lectura en ocho idiomas. Escrito en Codex con las fuentes indicadas; sin certificación de revisión académica o de hablante nativo.
Fuentes
Estas fuentes sirvieron de base para el relato. El texto se escribió para Mythic Dream.
- The Library, 1.7.5 — Pseudo-Apollodorus, Perseus Digital Library
El amor de la Luna por Endimión y su elección de un sueño sin envejecimiento ni muerte. El texto no explica el motivo de esa elección.
- Description of Greece, 5.1.4–5 — Pausanias, Theoi Classical Texts Library
Las tradiciones sobre el reinado y la tumba de Endimión en Élide, junto al relato diferente de Latmos.
- Argonautica, Book 4, lines 55–65 — Apollonius of Rhodes, Dickinson College Commentaries
La añoranza de Selene por Endimión en la cueva de Latmos. Respalda sus visitas, pero no aporta una conversación ni una declaración de él.
- Endymion Sleeping — Guercino, The Metropolitan Museum of Art
Un ejemplo de Endimión representado como un durmiente reclinado en el arte posterior.
